El discurso de la reina. Liderazgo femenino…en pocas palabras.

En los últimos años hemos visto como se abría una nueva corriente de pensamiento que hablaba de una nueva clase de liderazgo, un liderazgo adaptado a los tiempos que vivimos y acorde a los retos a los que nos enfrentaremos. Se le llamó liderazgo femenino en contraposición al liderazgo “sufrido” durante…mucho tiempo…y que, en la inmensa mayoría de casos, ha recaído sobre los hombres.

No es mi intención iniciar una discusión de género que no tendría ni fin, ni sentido, sino poner un ejemplo cercano de como se expresan cada uno de ellos. Tampoco busco entrar en la definición de liderazgo, me parece un termino sobado, rancio y que se ha vaciado de contenido. Es curioso que cuanto más usamos una palabra más vacía se vuelve, como si del uso hubiéramos consumido aquello que contenía.

Pongámonos en situación: Enero 2021…en un municipio cualquiera de la península ibérica.

Estábamos mi pareja y yo en el sofá conversando sobre la filosofía de la vida en general cuando emergió el tema de discurso navideño de “The Queen” (la reina Elisabeth II, no el grupo de música). Para poder hablar con conocimiento de causa nos pusimos el vídeo y como no teníamos otras referencias, y queríamos comprobar algunas de nuestras ideas, decidimos (nos vimos obligados por las circunstancias) a ver el discurso de Felipe VI. Huelga decir que los dos tenemos ideas muy consolidadas de lo que representa para nosotros la monarquía y que, obviamente, todo el análisis posterior se vería empañado de estas ideas.

Pasamos una tarde de debate intelectual de sofá y manta refugiados en casa de Filomena, así que tampoco era tan mal plan. Al acabar, no podía reprimir el impulso de escribirlo y para sumar datos a la ideología, decidí pasar por un contador de palabras los dos textos y dejar que me sorprendiera la magia de los datos.

Los datos

En adelante, y para abreviar, me referiré a la reina Elisabeth II por Q y al rey Felipe VI por F.

El discurso de Q consta de 589 palabras, frente a las 1.697 del discurso de F, lo que vienen siendo casi 3 veces más palabras en el caso de F que de Q. Todos sabemos que cantidad y calidad no siempre van de la mano y creo que éste es uno de esos casos. Todos los indicadores (palabras, frases, párrafos, tiempo de lectura) indican que el discurso de F es entre 2 y 3 veces más largo que el de Q, es decir, podríamos pensar que en un caso se ofrece una mayor cantidad de información que en el otro y es cierto, pero la comunicación no es mejor por dar más información sino por saber qué comunicar y a quién.

¿A quién hablan?

Uno de los parámetros que generar estos contadores de palabras es el del nivel de discurso en una escala educativa, y aquí también hay diferencias. Q usa un lenguaje equivalente a 4º de la ESO, aproximadamente y F de nivel universitario. Podríamos pensar que F es más refinado a la hora de usar el lenguaje y que su dominio es mayor, pero sería una trampa. ¿A quién hablan? Se trata de dos discursos dirigidos a dos naciones, con amplio abanico de niveles culturales y conocimientos. Q ha decidido modular su lenguaje para poder llegar al mayor número de personas posible. No podemos decir lo mismo de F, aunque podríamos argumentar que el nivel cultural medio en España es superior al del Reino Unido pero, por la misma razón, es decir ninguna, podría argumentar que F quiere hacer un alarde de conocimientos. Está claro que líder es aquel que se hace entender y aquí me quito el sombrero ante Q (o hago una genuflexión).

Más allá del análisis de las palabras, Q hace referencia en varias ocasiones a los diferentes ritos de las diferentes culturas de las personas que conviven en el Reino Unido y, supongo, incluye en ellas también a la Commonwealth. Los nombra e incluye imágenes de personas de diferentes culturas. F, por el contrario, las únicas referencias nacionales son para expresar la unidad del país y felicitar en los idiomas oficiales.

¿Qué dicen?

No voy a entrar en detalle de los discursos, entre los dos nos dieron para algunas horas de debate y análisis, pero si que voy a resaltar algunas palabras. Usando el contador de palabras, quise saber cuales son las más utilizadas en cada uno de los discursos, pero aquí caí en la trampa que estaban comparando dos idiomas distintos frente a un motor de cálculo, probablemente entrenado para la lengua inglesa. La misma metodología no funciona igual en distintos sistemas. Así que hice un poco de “trampas” por decirlo de alguna manera y eliminé de la estadística algunas preposiciones, artículos y determinantes que no aportaban significado por si mismo, quedándome con lo que he llamado palabras significativas. A continuación, tienes las dos listas ordenads de las 10 que más veces aparecen:

Q: year, light, hope, people, world, today, all, christmas, birth, spirit.

F: nuestra, todos, gran, sociedad, ciudadanos, situación, esfuerzo, España, pandemia, virus.

Sólo leyendo las dos listas podemos ver dos líneas diametralmente opuestas, si la de Q nos evoca a la esperanza y al típico sentir navideño, la de F nos muestra un carácter fuerte y trae a nosotros recuerdos, poco agradables, que han marcado este año. La sensación aquí fue que una apuntaba al futuro mientras que el otro evocaba el pasado.

Y es cierto, escuchando los dos mensajes, Q pone en valor el cuidado y el compromiso de los ciudadanos y ciudadanas, mientras que F lo hace hincapié constante en las dificultades vividas. De hecho hay dos palabras que ejemplifican claramente estas dos visiones, en el caso de Q “Hope” (esperanza) en el caso de F “Esfuerzo”.

Un dato curioso, si buscas “virus” en el discurso de Q…¡Oh, sorpresa! ¡No aparece! En el de F aparece 5 veces.

Cada mensaje tiene su momento, y en este caso Q ha comprendido que después de un año duro, no era necesario poner el foco en los problemas sino alentar a lo bueno que aporta cada uno y destinar la oportunidad a abrir algo de esperanza en un 2021 (que empieza fuerte).

Más allá de las palabras

No sólo las palabras muestran diferencias, también el resto de información que los acompaña. El vídeo de Q, más corto, incluye también imágenes de la ciudadanía, trabajador@s y personas en general que conforman la sociedad inglesa, mientras que en el caso de F tenemos uno o dos planos de F sentado en una silla.

Otra percepción curiosa es que en el discurso de Q ella se incluye en el todo (y estamos hablando de The Queen), mientras que el discurso de F promueve una diferenciación entre él y lo que representa y el resto de la ciudadanía. Q utiliza “we” 12 veces, “our” 7 veces, mientras que F sólo nombre 4 veces “nosotr@s”. Y digo percepción porque F utiliza casi 40 veces la palabra “nuestr@” aunque la sensación final fue completamente opuesta.

Para ir acabando

Estos nuevos tiempos necesitan un nuevo liderazgo, pero lo joven no siempre es tan nuevo, ni lo viejo tan vetusto. En el nuevo liderazgo la comunicación es importante, pero no para decir lo que hay que hacer, sino para adecuarla al momento, para nombrar lo importante, para vincularse, para conformar un todo. Ojalá ya no tuviéramos que hablar de líderes, hombres o mujeres, pero mientras así sea, que nos ofrezcan esperanza, que será lo último que nos arrebataran.

Más allá del liderazgo y el poder

Si queremos construir una sociedad para esta nueva era necesitamos ir más allá de los roles de liderazgo y de poder, más allá de lo personal para empezar a explorar aquello que es más grande que nosotros.

La visión de los equipos autogestionados incluye la ausencia de poder. Si reflexionamos sobre los mecanismos de poder, estos derivan de una respuesta reactiva a una situación que produce inseguridad, incomodidad o directamente, miedo. El grupo autogestionado tiene que comprender las respuestas que emergen de este tipo de situaciones y conocer la dinámica del grupo lo suficiente para poder reconocer estos desequilibrios de poder y tratarlos antes de que afecten a la tarea.

En este caso se plantean dos ideas, una ausencia total de poder o un reparto dinámico de poder. La primera pasa por colocar como elemento de poder el proyecto o la tarea del grupo, su visión o propósito, si es conocido. La segunda sería reconocer que alguien puede tomar un rol directivo en un momento dado, pero que ese poder viene otorgado por el grupo y que por lo tanto no le pertenece.

Añadimos dos ideas más, por un lado la de compromiso asimétrico, en la que cada elemento del grupo se compromete en la tarea lo que en el momento presente puede  sin que esto afecte a su retribución tanto monetaria como a la respuesta de los otros elementos del grupo; y por el otro el principio de servicio, bajo el cual el elemento de mayor “rango de poder”, es decir el individuo que está liderando el grupo también es el elemento que está más al servicio. Es decir, a mayor poder y responsabilidad, mayor voluntad de servir al grupo y a la tarea.

Estas ideas van en contra  de la organización actual por la cual el poder se otorga a aquellos elementos de mayor rango y los que están “por debajo” son los que están al servicio de ese poder.

Cabe puntualizar que en este punto es necesario cultivar también la responsabilidad del grupo hacia la tarea haciendo evidente las consecuencias que las acciones que cada uno de los miembros emprenden afectan a la consecución del proyecto o la tarea.

Núcleo vacío y liderazgo de bordes (o liderazgo frontera)

En las estructuras autoorganizadas donde se establece una red de liderazgo distribuido emerge un espacio vacío alrededor del cual la gente se organiza para llevar a cabo tareas. Cada uno de los miembros va a tomar la iniciativa o va a ocupar un rol en función de la necesidad del momento. Hablamos de liderazgo de núcleo vacío para hacer referencia a que no existe un núcleo de poder ni de liderazgo concreto sino que este está repartido de manera igual entre todos los miembros y consideramos que existe un liderazgo en las fronteras o borderless leadership cuando el rol de líder surge en función de la necesidad concreta, pero no es permanente. En palabras de Enrique Pichón Riviere:

“A partir de una situación caracterizada por la estereotipia de los roles, y a través de la tarea, se llega a configurar otra con liderazgos funcionales, lo que se expresa por la rotación de los mismos. En la medida en que los sujetos adquieren más elasticidad,  autocontrol, una autoalimentación y una autoconducción del grupo (homeostasis del grupo).”

Enrique Pichón-Riviere. El Proceso grupal. Del psicoanálisis a la psicología social Vol.1 Ed. Nueva Visión 1977.