La naturaleza como modelo: Biomimética de la autogestión

Quizás el futuro no sea algo tan lejano, quizás el futuro lo tengamos delante de nuestras narices. Quizás sólo tenemos que ser un poco más humildes y aceptar que la naturaleza siempre ha sido nuestra gran maestra.

La biomimética es la ciencia que estudia los modelos de la naturaleza para imitar o inspirarse en los diseños y procesos biológicos para resolver problemas humanos. Se trata de una disciplina que proporciona una manera de observar y valorar el entorno natural en el que  habitamos para que podamos aprender de él.

Antes de entrar en detalle de cómo funcionan los equipos autogestionados desde el punto de la biomimética, es interesante sentar una unas bases sobre como los sistemas vivos se organizan de cara a poder comprender cómo aplicar estos conceptos a la organización.

+ La mayoría de sistemas naturales viven en un equilibrio dinámico que está en constante regulación. Los sistemas inestables son sistemas adaptados al cambio, por el contrario un sistema estable es inmutable. En los sistemas artificiales buscamos la estabilidad  y esto hace que queden obsoletos en el tiempo ya que se enmarcan en entornos que son cambiantes. Los sistemas vivos tienen la capacidad de autorregularse.

+ Los límites en los sistemas vivos actúan como potenciadores del sistema. Lo contienen durante su desarrollo, como la placenta de un bebé o la cáscara de un huevo, para que cuando estén suficientemente maduros puedan liberarse de él. Entonces, el límite actúa como impulsor y no como una barrera.

+ Lo que hace que una comunidad natural perdure es su historia, es la evolución que han tenido como sistema en un entorno concreto. Querer crear un sistema que funcione de la noche a la mañana no tiene sentido porque no va a tener tiempo de crear los vínculos y definir los límites como grupo, no va a haber proceso de aprendizaje y por lo tanto no se podrá construir la comunidad.

+ Finalmente, en los sistemas vivos la estructura se ajusta a la función, esto quiere decir que en entornos diferentes los mismos individuos se organizaran de maneras diferente. Las células que constituyen los músculos no se organizan de la misma manera que lo hacen las del ojo o las del cerebro. En las organizaciones hemos visto muchas veces como se escogen modelos de funcionamiento por herencia o por desconocimiento, más que por la funcionalidad que aportan.

En la naturaleza existen numerosos ejemplos de individuos que se agrupan, por ejemplo muchas especies de peces nadan formando bancos, los pájaros lo hacen en bandadas y ambos pueden llegar a formar grupos de miles de individuos que se mueven al unísono de manera coordinada. Las hormigas crean autopistas de individuos para la búsqueda de alimentos y las termitas construyen auténticos rascacielos para regular la temperatura interna y dar cobijo a millones de individuos. Y todo esto ocurre sin que haya un director, un líder, sin un plan o programa que seguir, sin un individuo que coordine a los otros.

En los sistemas naturales se entiende por auto-organización como el proceso en el cual un patrón emerge a nivel global a través de las interacciones de los individuos o los elementos más simples del sistema. Estas relaciones se llevan a cabo mediante sencillas reglas que especifican como tiene que ser la interacción local sin que el individuo conozca lo que está sucediendo a nivel global.

El mecanismo mediante el cual interactúan los individuos de un grupo se conoce como retroalimentación. Esta puede ser positiva si se refuerza el sistema o negativa si corrige o estabiliza el sistema. Por ejemplo, los intereses de una cuenta de ahorro sería un tipo de retroalimentación positiva mientras que la consigna del termostato de un sistema de climatización sería una retroalimentación negativa. En los sistemas biológicos, se suele trabajar con un pequeño conjunto de reglas que van a definir esta retroalimentación, por ejemplo un rebaño puede modelarse a través de 3 reglas, la cohesión, la separación y alineamiento. Cuando hablamos de cohesión nos referimos a la información que atrae unos individuos a otro, que genera pertenencia. La separación consiste en la distancia que se va a haber entre individuos, demasiada distancia disgregaría el grupo, demasiada poca asfixiaría a los individuos. El alineamiento sería la dirección general de grupo, por ejemplo en una bandada de gansos, la dirección que toma la bandada en una migración.

De la operación de estas tres reglas emerge un comportamiento grupal y dependerá del umbral de sensibilidad de los individuos para que el grupo resultante sea uno u otro, con lo que cada grupo de individuos proporcionará un emergente único.

A parte de la información que se transfieren los individuos entre sí, el grupo mantiene un contacto con el entorno. La manipulación del entorno para transferir información entre individuos es lo que se conoce como stigmergia, y un ejemplo de ello son las colonias de hormigas. Para buscar alimento las hormigas abandonan el nido y viajan aleatoriamente hasta que encuentran un rastro de alimento. Una vez encontrado recogen lo que les es posible y vuelven al hormiguero dejando tras de sí un rastro de feromonas que avisa al resto de las hormigas del camino hasta el alimento. El resto de hormigas que sigan eses rastro reforzaran con sus propias feromonas el camino hacia el alimento hasta que ya no quede nada que recoger.

Las ventajas de la autoorganización, desde el punto de vista de la biología serían que:

+ Permiten costes más bajos ya que no se requieren perfiles complejos con altas habilidades cognitivas, ni mecanismos de control para la coordinación de todos los miembros.

+ Son sistemas más flexibles, menos predecibles y generan mayor innovación. No hay una hoja de ruta que seguir, ni un programa y eso hace que cada individuo pueda completar sus tareas en el tiempo y forma que necesite.

+ Son sistemas más robustos al no haber un sistema centralizado que pueda fallar. Si un elemento del sistema falla, el resto de individuos corregirán la situación sin que el global se vea afectado. Además al tratarse de operaciones locales, los sistemas son rápidamente escalables.

La ingeniería de telecomunicaciones y la ingeniería informática se han hecho eco de estos comportamientos para diseñar sistemas autogestionados siguiendo un sencillo conjunto de pasos:

1 Diseñar reglas de comportamiento local que permitan alcanzar propiedades globales.

2 No buscar una coordinación perfecta, si no explotar la coordinación implícita.

3 Minimizar el uso de información de larga duración.

4 Diseñar protocolos para adaptarse a los cambios.