Modelo de gestión del cambio de Kurt Lewin

Nos intentan vender que el cambio es externo, artificial, impuesto, pero la vida es puro cambio. Lo inmutable muere, lo mutable continua su camino. Nos han vendido un mundo de estabilidad y nos han impedido, incapacitado para vivir.

En la creación de equipos autogestionado van a aparecer un conjunto de resistencias de diversa índole, a la incertidumbre, a la ausencia de liderazgo, a la dificultad de gestionar conflictos interpersonales, etc. El equipo autogestionado va a estar en continua evolución y por lo tanto se van a suceder situaciones que van a provocar un quiebre en la dinámica de relación. Estos momentos de cambio significativo requieren de herramientas o modelos que permitan al grupo entender qué está ocurriendo y qué se puede hacer al respecto.

La naturaleza de cada tipo de cambio va a requerir un trabajo en mayor o menor profundidad. Partiendo de que el equipo está en constante cambio, se puede definir una escala de procesos de cambio que condicionaran cada actuación:

– Cambios naturales por la fortificación del sistema. Situaciones cotidianas que no requieren intervención sino que el propio equipo tendrá herramientas para gestionarlas.

– Mejoras en los procesos. Requieren de una visión externa, parar y analizar la situación.

– Cambios catastróficos, son rápidos, drásticos y no permiten la discusión.

Mutaciones: aparición de información nueva por error pero que puede ser útil o no al grupo.

A continuación se detalla el modelo propuesto por Kurt Lewin para la gestión del cambio que permite realizar un trabajo en la dimensión del equipo. Es un modelo sencillo en su planteamiento aunque también valdría el famoso modelo de Kotter de 8 pasos.

Modelo de gestión del cambio de Kurt Lewin

El Modelo de Kurt Lewin define el cambio como una modificación de las fuerzas que mantienen el comportamiento de un sistema estable, el cual es producto de dos tipos de fuerzas las que ayudan a que se efectúe el cambio (F. Impulsoras) y las que impiden  que el cambie se produzca (F. Restrictivas) que desean mantener el mismo estado de la organización.

Cuando ambas fuerzas están equilibradas, los niveles de comportamiento se mantienen y se logra, según Lewin, un equilibrio cuasi estacionario. Para modificarlo se puede incrementar las fuerzas que propician el cambio o disminuir la que lo impiden o cambiar ambas tácticas. Lewin propone un plan de tres fases para llevar a cabo el cambio planeado:

1 Descongelamiento: implica reducir las fuerzas que mantienen a la organización en su actual nivel de comportamiento.

2 Cambio o movimiento: Consiste en desplazarse hacia un nuevo estado o nuevo nivel dentro de la organización con respecto a patrones de comportamiento y hábitos, conductas y actitudes.

3 Recongelamiento: Se estabiliza a la organización en un nuevo estado de equilibrio donde se acude a la cultura, las normas, políticas y estructura organizacional (en esta fase se puede usar el modelo de niveles neurológicos para revisar la coherencia de la situación actual)

Para poder llevar a cabo estas fases es necesario determinar el problema a tratar, identificar la situación actual, la meta a alcanzar y las fuerzas positivas y negativas que están operando. Esto permitirá definir una estrategia clara de actuación.

Ingeniería del estrés

Seguro que has escuchado alguna que otra vez la palabra resiliencia, es más, seguro que has escuchado a bastante gente decir lo resiliente que es y lo bueno que es ser resiliente (quien dice escuchar, dice leer en el feed de Linkedin). Pero seguro que no sabes que todo el mundo es resiliente hasta que se le hinchan las narices.

En el diccionario online de la RAE hay dos acepciones para resiliencia:

  1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
  2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Dos acepciones que no están tan alejadas la una de la otra, por no decir que 2 explica a 1.

Ésta es la típica gráfica que describe el comportamiento de un material frente a una tensión externa. En el eje vertical tenemos la tensión aplicada y en el eje horizontal su elongación. Así, la gráfica nos describe como se estira un material cuando se le aplica una fuerza externa.

resiliencia
Imagen obtenida de Wikipedia.

La zona marcada de verde se le llama zona de deformación elástica y nos habla de la resiliencia del material, es decir de la tensión que es capaz de soportar el material sin deformarse. La zona amarilla, se llama zona de deformación plástica, es decir, una vez superado el límite elástico del material, si seguimos tensionándolo se deformará, pero ya no volverá a su posición natural. Es lo mismo que sucede con un globo cuando lo llenamos de aire, al desinflarlo, ya no tiene la misma forma que al inicio. Y como todo en esta vida tiene un límite, la zona de deformación plástica acaba con lo que se conoce como límite de ruptura, literalmente el punto en el que nos cargamos el material.

La resiliencia tiene que ver con la zona verde. Sería el área del triángulo formado por la línea oblicua y el eje horizontal. Cuanto mayor es el área, mayor es la resiliencia del material, es decir, más energía es capaz de soportar sin deformarse.

Hasta aquí el rollo ingenieril, ahora veamos cómo se relaciona con el estrés:

De hecho, la palabra estrés viene del inglés stress que quiere decir tensión. Así que cuando decimos que una persona está estresada, es que está sufriendo algún tipo de tensión, por lo general externa.

Si antes comentábamos que la resiliencia era la capacidad de un material de sostener una tensión sin deformarse, aplicado a una persona podemos utilizar el mismo símil: la capacidad de tensión o estrés que es capaz de tolerar una persona sin que se produzca un “cambio” en su manera de ser.

Biológicamente se habla de dos tipos de estrés, lo que se conoce como eustress (o estrés del bueno) y lo que se conoce como distress (o estrés del malo), sí, como el colesterol. El eustress o estrés bueno sería aquel que nos sitúa en nuestra zona verde, el que una vez desaparece permite  que volvamos a nuestro estado “natural”. Sería el que nos ayuda a adaptarnos a medios hostiles, el ejemplo más claro sería el de ser atacados por una bestia en plena naturaleza, cosa que ahora raramente ocurre para la mayoría de mortales. Por el contrario, el distress se produciría en la zona amarilla y cuando aparece, ya nunca volveremos a ser los mismos. Además, una vez superado cierto límite de distress, cualquier tipo de tensión externa por leve que sea puede provocar cambios en nosotros. Es lo que en el mundo laboral se conoce como burnout y el final sería el límite de ruptura.

El problema es que una persona no es un material y su comportamiento es mucho más complejo, y por otro, que es imposible conocer la resistencia de una persona, animal o cosa, sin ponerlo a prueba, y una vez superado el límite elástico, se acabó la resiliencia, nunca volverás a ser la  misma persona. Además, el estrés no solo tiene que ver con la cantidad de tensión que una persona es capaz de soportar sino que tenemos que añadir el factor tiempo. Pequeñas cantidades de tensión durante largos periodos también puede provocar deformaciones, se asemejaría al concepto de deformación por fluencia lenta que se produce en los materiales viscoelásticos.

¿Quieres saber si te has pasado ya de la zona elástica?

La respuesta es sí, pero no te preocupes, la mayoría de personas al pasar su zona elástica generan aprendizajes que los “modifican” y por lo tanto se “vuelven” más resilientes, es decir, el ser humano es capaz de aprender a ser resiliente…hasta cierto punto. Eso sí, nunca volveremos a ser las mismas personas que antes.

¿Dónde está el límite?

Aquí tienes un listado de los síntomas producidos por distres que nos darán pistas de que ya estamos en zona de deformación plástica:

  • Ansiedad
  • Falta de energía o apatía.
  • Tristeza, abatimiento, irritabilidad, ira o agresividad.
  • Falta de memoria, dificultad de atención o concentración.
  • Alteración del deseo sexual.
  • Dolores de cabeza.
  • Náuseas, vómitos, problemas digestivos, intolerancias alimenticias.
  • Eccemas, acné, psoriasis y erupciones cutáneas.
  • Alteraciones en la alimentación: falta de apetito o ansia de comer.
  • Contracturas y/o dolores musculares.
  • Tartamudeo, temblores en manos o habla.
  • Absentismo laboral.
  • Insatisfacción.
  • Baja autoestima.
  • Palpitaciones, dificultades para respirar,..
  • Consumo de drogas y estimulantes.
  • Insomnio, aunque sea intermitente o dificultades para conciliar un sueño profundo.
  • Pérdida de cabello.
  • Colesterol elevado.
  • Problemas circulatorios y problemas cardiovasculares.
  • Trastornos menstruales: amenorreas, dolores menstruales, dificultades para la concepción o gestación.
  • Deficiente respuesta inmune frente a enfermedades virales.
  • Enfermedades autoinmunes.

Y un largo etcétera de trastornos y enfermedades que seguramente aún desconocemos pero que tienen su origen en el estrés elevado y continuado al que socialmente estamos sometidos.

Si es el caso, te recomiendo que hagas algo al respecto para que no vaya a más, por lo menos localizar los estresores y ponerles remedio. Por experiencia  puedo decir que jugar con el estrés es como jugar a la Ruleta Rusa, el límite está ahí fuera, detrás de cada esquina. Eso sí, ya nunca volverás a ser la misma personas que eras antes.